Recuperar los barrios para poder EST.AR

Treinta colectivos se han reunido en Sevilla para discutir y protestar contra la turistización de las ciudades del sur de Europa en el marco del EST.AR [Encuentro Social contra la Turistización. Alternativas y Resistencias], en paralelo a la cumbre mundial de turismo, celebrada en la misma ciudad.

Imagen de Ale WWB

30 Abr 2019
Por Ale WWB

Más de quince colectivos ciudadanos han organizado en la capital andaluza el Encuentro Social contra la Turistización: Alternativas y Resistencias (ESTAR). Como respuesta a la cumbre mundial del turismo, distintas asociaciones y organizaciones de Sevilla unieroo sus fuerzas para celebrar un evento entre el 4 y el 7 de abril que puso en el centro del debate todas las perspectivas sobre la actividad turística. La práctica totalidad de las instituciones públicas y privadas, entre ellas el Ayuntamiento de Sevilla, la Junta de Andalucía o la WTTC como organizadora de la cumbre, se han mostrado incapaces de analizar con rigurosidad los efectos negativos del aumento del turismo en la vida de las personas que habitamos ciudades como Sevilla. Estas carencias se traducen en una absoluta falta de sensibilidad hacia prácticas culturales arraigadas en nuestra ciudad en pos de la actividad turística, como el mercadillo del Jueves que está siendo objeto de hostigamiento por el consistorio ante la próxima apertura de nuevos pisos turísticos en su entorno. El incremento exacerbado del turismo o turistización transforma nuestras vidas: mercantiliza todas las expresiones culturales que pueden ser rentables y destruye aquellas que no lo son, precariza nuestros empleos y nos expulsa de los barrios centrales en la búsqueda de una postal, donde las vecinas no pintamos nada, mientras que nos marginan en los barrios periféricos.

Por eso reivindicamos el derecho a la vivienda, a una cultura popular libre, a unas condiciones laborales que permitan desarrollar una vida digna, mientras promovemos una economía sostenible y local basada en los cuidados frente al capital especulativo, el cuidado al medio ambiente como sustento de la vida y una sociedad libre de actitudes racistas, machistas, tránsfobas y autoritarias. Para avanzar en todos estos frentes, el ESTAR contó con charlas, mesas redondas, espacios de diálogo y de protesta en distintos puntos de la ciudad al que se invitó a toda la población preocupada por la creciente turistización. En el proceso de reflexión y acción colectiva nos acompañaron colectivos de la red SET (Sur de Europa ante la Turistización) de Barcelona, Córdoba, Granada, Las Palmas, Lisboa, Madrid, Málaga, Palma de Mallorca, San Sebastián, Valencia o Venecia. Bajo el lema “retomando los barrios, resistiendo en lo común”, el ESTAR lo organizaron: Asamblea de Andalucía, Asamblea Feminista Unitaria de Sevilla, Asociación Pro-Derechos Humanos, Bloque Crítico, Casa Grande del Pumarejo, Colectivo-Asamblea contra la Turistización de Sevilla (CACTUS), Colectivo de Prostitutas de Sevilla, Ecologistas en Acción-Sevilla, Jartura, Lanónima, Movimiento de Acción Estudiantil, Oficina de Derechos Sociales o las asociaciones vecinales La Revuelta del casco norte, San Diego y Triana Norte.

 

Antecedentes

‘Sevilla, we love people’ fue durante unos años el eslogan turístico de la ciudad, en la línea del ‘Andalucía te quiere’ que había promovido la Junta. Si no fuera porque están orientados a los visitantes, nadie diría que los que habitamos Sevilla o Andalucía no deberíamos sentirnos aludidos. ¡Qué bien, cómo nos quieren! Y precisamente por eso necesitamos al turismo. Ojo, no solamente a los turistas, sino a todo el sector. En estos tiempos de neolengua y doblepensamiento, las puntualizaciones son necesarias. De hecho, si quisiéramos ser completamente fieles al mundo distópico orwelliano, el Ministerio de Turismo, encargado de perpetuar la colonización y extractivismo de nuestro territorio -sensiblemente ciudades y costas- de la periferia europea, debería llamarse Ministerio del Progreso. Porque no hay nada más alejado de la idea de progreso que el modelo turístico actual, que ‘arrampla con tó’, esto es, que se lucra a nuestra costa y no nos deja ni las migajas.

Durante el siglo XX, el turismo en Sevilla se reducía a pocas calles y plazas en la zona sur del centro. El área norte, como otros tantos barrios obreros de la ciudad, sufrían un fuerte abandono institucional. La Sevilla que describe Fernando Mansilla en su obra ‘Canijo’ o que revela Bollaín en sus documentales es la que se encargaron de ‘limpiar’ física y socialmente con motivo de la Expo ’92. Ese es el contexto que retrata Alberto Rodríguez en la película ‘Grupo 7’, y que con una dosis menor de ficción relata el documental ‘prohibido volar, disparan al aire‘, haciendo referencia a la represión policial que se vivió en los noventa en los barrios del casco norte. Lo que estaba ocurriendo aquellos años, y ha sido ampliamente estudiado, era un proceso de gentrificación. ¿Y qué tiene que ver todo esto con el turismo? Pues que, desde hace unos años, la turistización ha continuado expulsando a vecinas de sus barrios, transformando el comercio tradicional y generando una imagen de postal para el visitante, quien no observa la especulación e injusticia social que su actividad produce. Todo esto ocurre en unos barrios que no solían ser turísticos, favorecido por las instituciones públicas.

El desahucio de Rosario Piudo de su piso de la plaza de la Encarnación hace ahora quince años es simbólico. La plaza, tras 150 millones de euros de inversión pública en un macroproyecto en tiempos de crisis, es un espacio fundamentalmente turístico; mientras que el edificio donde vivía doña Rosario es un hotel de lujo que acaba de abrir. Otro establecimiento de este tipo, de los 10 que están en construcción o planificados en el centro, en una ciudad donde hay más de 100 hoteles. Por no hablar de los pisos turísticos y la destrucción vedada de la ciudad, convirtiendo viviendas en negocios hosteleros. Según el Registro de Turismo de Andalucía, en Sevilla hay algo más de 4.000 alquileres vacacionales, pero la realidad es que la cifra asciende a casi 10.000 según los datos del proyecto dataHippo. El problema de este tipo de alojamiento, que se dice llamar economía colaborativa, está en su concentración espacial en unos pocos barrios del centro (ver plano) y patrimonial. Aunque existen casos de familias que alquilen una habitación en su vivienda, o tengan solamente un piso en plataformas como Airbnb, la realidad es que son casos marginales. La gran mayoría de los pisos turísticos son negocios que gestionan empresas especializadas, y unos pocos propietarios acaparan buena parte de la oferta: los 20 primeros acumulan el 14%, más de 700 apartamentos turísticos.

Los últimos pisos de este tipo han abierto en la calle Feria, que junto a la Alameda o al Pumarejo, han entrado estos años en los circuitos de visitantes. De ahí el reciente hostigamiento al mercadillo del Jueves, o la ejecución de un parque infantil que ocupa exactamente la mitad de la plaza del Pumarejo. Esta estrategia es especialmente cínica: combatir el sinhogarismo a través de infraestructuras infantiles que contribuyan a ofrecer otra imagen del barrio en uno de sus puntos claves para los transeúntes. Juan Espadas le está dando una nueva dimensión a la idea de ‘limpiar’ los barrios. Y que quede claro: no se trata en absoluto de estar en contra de los parques infantiles, sino de utilizarlos como forma de desplazar el problema a otro lugar -más escondido para sevillanos y turistas-, en vez de resolverlo. La acción municipal es mezquina, cobarde y especialmente irresponsable con sus competencias públicas. Y además, con una nula sensibilidad por el patrimonio histórico, al estar este parque en el entorno de un Bien de Interés Cultural. Claro que, como ha quedado claro en estos 4 años de mandato, el Pumarejo es patrimonio de segunda división. Si fuera del que atrae a los guiris, del que produce ‘progreso’, otro gallo cantaría. Porque a estas alturas nos ha quedado claro que Sevilla loves people, especialmente si son turistas.

Estas políticas vienen acompañadas de una sensible inacción allí donde precisamente hace falta. La actual es otra legislatura perdida para los barrios periféricos de Sevilla, que llevan décadas demandando una mayor atención ante la dejadez y el abandono sistemático del Ayuntamiento. El pasado octubre, una manifestación multitudinaria se lo hizo saber al alcalde, quien sigue haciendo oídos sordos a las reivindicaciones de fondo. Lo más sangrante, y lo que nos ha llevado a organizar el Encuentro Social contra la Turistización: Alternativas y Resistencias (ESTAR) fue el desvío de 1 millón de euros para fines sociales que habrían acabado en gran medida en aquellos barrios, para garantizar que la reunión de la patronal turística tuviera lugar. No hay nada más ajeno a la ciudad que la cumbre de la WTTC, a la que cuesta 4.000€ asistir. A menos, claro, que estés entre las personas precarizadas que atenderán sus mesas, limpiarán las habitaciones donde se alojan sus asistentes y los espacios de reunión o estarán en la recepción. Unas personas que soportan el peso del sector con demasiada frecuencia en condiciones cercanas a la explotación laboral y que suelen vivir en esos barrios olvidados de la periferia. El modelo turístico actual es una máquina de generar desigualdades sociales, que se visibilizan con mayor facilidad en el tejido urbano. Por eso estamos hartas de este sistema, sobre todo de los poderes públicos que no solamente no le ponen coto, sino que promueven con sus selectivas políticas nuestra miseria e impiden el desarrollo de nuestras vidas libre y dignamente. No se trata de tener fobia al turismo, sino de señalar a los responsables de esta situación y trabajar por cambiarla.

 

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